Turismo responsable con los animales

5-Dec-2018

Comunicación:

Considero una problemática internacional y que cada vez tiene más demanda, el uso de animales relacionados con las atracciones que nos encontramos como turistas. El ámbito al que afecta es a nivel internacional y afecta a numerosas especies distintas de animales cómo son las aves, reptiles, felinos, primates, anfibios, cetáceos, équidos, elefantes, osos, lobos, jirafas, focas, leones marinos, dromedarios, camellos o llamas, entre otros.

 

En muchos paquetes turísticos de viajes, cómo parte de sus planes y sin buscarlo, los turistas se encuentran con actividades que implican animales. Con 1.000 millones de turistas al año y una creciente previsión, el impacto potencial sobre la fauna es inmenso.

 

En el sector turístico, los animales son utilizados en un amplio abanico de actividades: fotografías, espectáculos, paseos y un largo etcétera. Tanto los profesionales de la industria como los viajeros suelen desconocer lo que se esconde detrás de las interacciones que son ofrecidas por sus promotores como positivas para animales y personas. El resultado es que los turistas acaban participando y fomentando (a través de fotografías y comentarios en las redes sociales) una serie de prácticas que tienen graves implicaciones tanto para la salud física y psicológica de los individuos implicados, como para la conservación de las especies. A veces incluso poniendo en peligro su propia integridad física.

 

 

 

A la hora de viajar, existen alternativas para acercarse a la fauna local de manera responsable. Entre la oferta, encontramos centros de rescate y santuarios que llevan a cabo una labor muy necesaria y ofrecen a sus visitantes la oportunidad de conocer a sus animales y la problemática que afecta a una determinada especie sin explotación o maltrato. Así mismo, la observación de la fauna salvaje en su hábitat natural, si se gestiona de manera responsable y siguiendo el protocolo concreto para cada caso, puede ayudar a la conservación de las especies.

 

En definitiva, a la hora de programar un viaje resulta imprescindible informarse bien, tanto para poder contratar operadores responsables como para no caer en el engaño de ofertas turísticas o tradicionales que perpetúan la explotación y el maltrato animal que se esconde detrás.

 

Viajar de forma consciente o fomentar un turismo respetuoso con los animales haciéndonos cargo de nuestra responsabilidad de impacto en el planeta, es una de las mejores formas de asegurar un mundo mejor a las futuras generaciones.

 

Por eso, antes de iniciar un viaje, te recomiendo que te informes de lo que implica el uso de animales salvajes en atracciones turísticas y que no participes en ellas.

 

Si quieres ayudar a los animales y te preocupa la conservación de las especies, visita un santuario. Es mejor no pagar para ver animales en centros que los mantienen en cautividad con fines de lucro o llevando a cabo actividades antinaturales.

 

Un ejemplo es el uso de los elefantes para paseos con turistas. Esta actividad implica graves y numerosos problemas para los elefantes.
 

 

 

 

El primero es que, como les cuesta mucho reproducirse en cautividad, la mayoría de los individuos utilizados en este sector son capturados desde su estado salvaje. Estas capturas, sobre todo en el caso de los elefantes asiáticos, están poniendo en grave peligro su conservación cómo especie.

 

El segundo problema es que los animales empleados en esta industria son “domesticados” mediante un método de entrenamiento extremadamente violento denominado –por lo menos en Asia– Pajaan y que, literalmente, significa "romper el alma". Pero incluso tras esta supuesta domesticación, es necesario utilizar ganchos metálicos y métodos que implican violencia para dominarlos. A menudo se aprecian heridas en la cabeza, orejas y zona de los ojos.

 

Al contrario de lo que podría parecer, los elefantes no están diseñados para soportar grandes pesos sobre sus lomos. De hecho, cualquier carga de más de 150 kg supone una presión inmensa para sus columnas. Además, sus pies son delicados y tienen que soportar un peso enorme que deriva en problemas de salud. También les obligan a caminar encima de suelos duros y a pasar largas horas encadenados.

 

Por todo ello, los animales acaban sufriendo problemas en la columna y artritis, una patología tan grave para ellos que en numerosas ocasiones resulta ser mortal.

 

Por todos estos motivos, y aunque la idea de montar encima de un elefante no deje de ser emocionante y atractiva, antes de contratar una actividad turística como esta, debemos ser conscientes del maltrato animal que se esconde detrás y de si queremos ser o no partícipes del mismo.

 

Información extraída de FAADA (Entretenimiento/Turismo).

 

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